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Terra
La Coctelera

Olvidos memorables / memorias inmemorables

Mi proyecto para este seminario, intenta entrar ( me gusta mucho entrar) y viajar en el espacio de la memoria y sus signos. La pregunta por las inmersiones en las relaciones entre escritura y subjetividad las he pensado desde hace algunos días. De ahí que piense que es en las arenas movedizas de la existencia donde se teje la experiencia sutil de la escritura, de la fragmentariedad de trazos que buscan su dispersión.

Cuando la escritura se ejerce en mí, no aparece como condición de una posesión de la palabra verosímil, ni de un asunto de nitidez de la lengua, sino todo lo contrario, como un intercambio donde me hago lenguaje, sonido, océano de silencio.

La vida que se nos escapa, que se desliza, que no está escrita, y por tal razón emite signos es el terreno propicio para la pasión de los diarios, las notas a pie de página, la literatura menor, los envíos como experiencia menor de formación.

Escritura que se hace memoria, trazos de un olvido feliz, de un presente vigoroso. Escritura que no tiene asiento, volatil, perecedera e inmemorable. Escritura que percibe a la esperanza como una memoria deseante, palabras insondables que buscan lo inaudito. Escritura que despierta una actitud saludable para el espíritu, en cuanto porta la intimidad de los encuentros, una memoria viva de lo que (nos) ha pasado y que en lo escrito hace presencia.

Como he pensado, mi proyecto es ya un trayecto de semestre, una ocasión para darle legitimidad a lo que está después de los dos puntos: los hilos sutiles de la experiencia humana, en relación con la escritura y la subjetividad que la engendra.

Recoge la memoria de los encuentros, de lo sentido, es decir de lo que nos pasa y de ahí retoma las relaciones antes descritas entre memoria y sus signos, escritura y subjetividad, experiencia y sus lenguajes.

Como el escritor es un extranjero en su propia lengua, es digámoslo así, un intruso, mi trabajo se siente próximo a las indagaciones de Luz Marina Suaza. Es cómplice del trabajo de Jairo Gómez, en el encuentro con el Pensamiento Narrativo, aunque sea otra la disposición y composición la que intento. El trayecto es cómplice del silencio y no del olvido, también de un nosotros que siempre está por-venir. El trabajo intenta una complicidad con lo no dicho, con lo aún por decir, por la utopía que es una complicidad trascendente en lo inmanente. Con el trabajo de Andrés Hortúa, se relaciona con el contar eso aquello que nos pasa, a través de un bordado caótico. Con Yeimi, en la distancia se encuentra en aquello en lo que la memoria puede dar, de memoria, en la intimidad de una vivencia común.

A cerca del documental "Mujeres no contadas"

Por qué se lucha?
Con quiénes se lucha?

Clandestinidad, es hoy la lucha,
entrar por los laditos
ser-singular, frontera
espacio intachable.

No entrar del todo, ni buscar tantas salidas.
vagar, hasta que nadie nos vea
pero todos nos sientan.
El tacto más genuino que la vista.

Pero, eso sí, nunca dejar las armas
ni la clandestinidad.

A pesar de Voce

El seminario para esta ocasión lució más atractivo que los precedentes, no sé, pero la disposición de los cuerpos fue otra o tal vez sólo fue el mío, y desde ahí los ví a todos pixelados.

Las intensidades por lo menos para mí convocaron una ausencia. No se trata el pensamiento de un asunto de luz y/o de sombra, es el relámpago quizá su mejor imágen. El encuentro acogió el centelleo haciendo que todos activaran su voz entre los otros. En las otras ocasiones la luz y la sombra se apoderaron del espacio. La atmósfera ya estaba nublada.

Una cuestión delicada que pensé mientras conversábamos es lo necesario y saludable que se vuelve suspender el monólogo interior y captar la fuerza de la espontaneidad y a veces de la insignificancia, para así tonificar el cuerpo y mejorar la respiración.

Chico Buarque abrió el concierto con "A pesar de usted, máñana será otro día,...

Luego nos sumergimos en los textos:

Los trabajos de la memoria, y el texto sobre cómo la escuela elabora el pasado, hacen parte de un conjunto de libros producto de una serie de investigaciones sobre las memorias de la represión en el cono sur. Aquí, en ambos libros, se pone con acento pragmático todo un utillaje teórico y vital, sobre las delicadas articulaciones entre historia y las memorias, tanto en el plano de la subjetividad, como también en el cultural y político.

De la conversación se desprenden varias cuestiones y escenas en clave singular:

a)Es posible danzar entre/sobre las cenizas, componer con los fragmentos que áun nos quedan.

b)Se pone como telón de fondo el papel que juegan la enseñanza de las ciencias sociales como chance para una crítica de la memoria enferma.

c)Tensiones entre transmisión y construcción de la historia.

d)Disponibilidades de los maestros para incorporarse en estas problemáticas complejas de las memorias de la represión.

e)Relaciones entre las experiencias y sus lenguajes

f)Memoria olvidada de la rebeldía, como lo que queda cuando se impone en las dictaduras un silencio inmunizador de los comportamientos, estilos de vida y acciones colectivas.

g)La memoria, parafraseando a Kosellek, puede ensanchar el espacio de la experiencia y el horizonte de espera, no obstante, mediante este tipo de represiones en América Latina se ha incubado cierta inercia, cierta normalización inicua que nos despoja, expropiando el nosotros como opción de resistencia y creación.

h) Qué podemos hacer con las huellas que quedan en la gestualidad corporal generadas por las dictaduras.

i)Un proyecto colectivo del calado de este, nos exhorta a pensar en las apuestas transnacionales, que abran la academia a repensar lo que nos pasa y lo que viene en perspectiva contemporánea. A la academia contemporánea le es concomitante "yacer fuera del aula"

j) En el plano cultural y artístico los silencios han sido más pocos que en otros escenarios sociales e institucionales.

k) Mientras se daba la conversación, me imaginé en el salón un performance (no sé con seguridad de qué se estaba hablando) en donde pasaba por los puestos lentamente, donando un papel en blanco.

l) Sale no se porqué una cita del cineasta Claude Lanzmann (que realizó una impactante film: Shoah)
"No desde la comprensión de las causas y de las condiciones, de motivos o conductas, que la experiencia se registra,... es, en todo caso, desde lo que no se comprende, desde lo que resulta incomprensible que se genera el acto creativo de la transmisión.

El gesto mío lo comparto con el de un poeta español llamado José Luis Puerto que expresa:

“No dejar otras huellas
que las de unas palabras
que buscan ser señal
de un paso por el mundo
y de un modo de estar
consigo y con los otros”

Andrés Fonseca

Las lecciones en la historia

Es muy temprano y para mí lo confieso es imposible hablar de la madre de las musas, la cita de hoy es bastante complicada o mejor me coimplica de otros modos, a sabiendas que de sus usos y abusos se trata. Pido perdón por ser tan incompetente para abordarla a ella, quizá como ustedes posiblemente quisiesen. Pido perdón también por abusar de Todorov y en últimas por abandonarlo como si ya de antemano nos encontráramos en un círculo, el arriba y yo abajo o viceversa, pero esto no importa, está más allá del bien y del mal. Confieso también, la alegría de escucharlo, los afectos que pudo desprender cuando lo leía; creo que es una distancia, un movimiento el que hace posible que estemos conversando. Quizás nunca nos encontraremos, la memoria es del tiempo y el gesto con el que nos allega Todorov, concita unos pasajes urgentes para estos tiempos. Pero vamos muy rápido y la memoria así puede echar a perder su potencia.

Ejercitemos otros modos. Ensayemos lo siguiente, es cierta distancia la que hace posible la memoria, nos importa esta, en tanto podemos marcar la diferencia, diferir en el tiempo y en el espacio; no hay razón para erigir la identidad, el culto de la memoria per se, esto tal vez sería un abuso encubierto, que sería peor, en cierto sentido, que la sacralización o la banalización que nos señala en el texto Todorov.
Lo que siento con vitalidad y que lo dejan ver otros de sus textos, es cierta invitación, que en mí a llegado como un llamado a la escucha de unos testimonios afectados, él, a lo mejor sea uno de estos escritores que a la altura de los tiempos ensaya una apuesta no tan disciplinada, una apuesta y compromiso con el otro, como otro radical. Lo que se trata aquí adquiere fecundidad cuando lo concebimos como cuestión de humanidad, de semblante ético-político, más que como venimos viendo fenomenológico, epistemológico y hermenéutico. Primera torsión no sólo lingüística sino exigentemente ética.

Esto de entrada me incita, lo que viene, siempre lo evoca en cada momento mi escritura. No sé de entrada nada, ni tampoco quiero tener por mucho tiempo la palabra. Creo más en el gesto, en ese murmullo anónimo, en ese anacronismo que tanta falta nos hace para pensar lo que viene. Quizá si se nos tienta pensar lo que viene, percibo en clave poética y política todo un desplazamiento que además de perturbar el silencio y las buenas conciencias, nos dispone en el espacio de la experiencia, en aquel presente vivo donde podemos, conversamos y devenimos.

Permítanme recordar, es decir hacer una digresión, cuidar lo inolvidable de las palabras de un maestro que me exhortaba casi siempre cuando de historia conversábamos; la pregunta al parecer ingenua era esta: será que ya hemos aprendido la lección en un tiempo que da a pensar. Es de escuchar con serenidad, este tono que a primera resulta impertinente, en tiempos de abominable alfabetización industrial; a la par de poner en perspectiva, que ese aprender la lección, no supone aludir a constatar una realidad, ni tampoco a resucitar un pasado a partir de una lógica argumentativa, ni del consenso.

La fuerza de la cuestión, es para mí cuestión de las fuerzas, del cuidado y su cultivo, como también de la deuda, que es un compromiso con el por-venir. Lo que para Ricoeur es la promesa, es lo que aquí ha de suscitar una interrupción, lo que ha de llamarnos, lo que llama al perdón, lo que llama al movimiento del presente. Es entonces cuando la dimensión ética y política se hace necesariamente manifiesta, en el encuentro feliz entre resistencia-creación que es hoy un lugar que tienta a las potencias del pensar en el mundo contemporáneo.

Para Todorov, la memoria del siglo está puesta en juego, las preocupaciones por las lógicas totalitarias, por los campos de concentración, hacen aparecer entre líneas y mediante una lógica negativa, una pregunta sobre qué hacer con el poco de humanidad que nos queda, después de haber extraído las lecciones del siglo.
Pero nos preguntamos, pragmáticamente, por el quehacer de la pregunta en cuestión, por el quehacer de la memoria, por la madre de las musas, con cierto aplomo y es la pregunta por el quehacer con lo poco que nos queda y seguido, con quiénes lo estamos cultivando. Entonces, qué hacer de la pregunta por el resto y por la resta. Garaicoa, un reconocido artista cubano, nos ha interpelado con sus fotografías e instalaciones, sobre esta transición del fragmento, de las ruinas, insinuando poéticamente y como condición de lo que queda, lo que aún no tiene lugar, lo que aún no llega y no podemos prever porque es fecundamente lo im-posible, el acontecimiento.

La memoria, es una de las condiciones de la elección en el presente vivo, de ahí lo que denominé ligeramente torsión, nos tiente a pensarla en sus rasgos políticos. Quién elige entonces hoy, quiénes sintiéndose afectados por la inercia, deciden resueltamente no aplazar lo improrrogable, lo que no espera, lo que abre un espacio, lo inconfesable y misterioso, la donación y la acogida, la justicia y el perdón, el deseo y la existencia.
Invoco silenciosamente a leer la siguiente exhortación, para que habitándola con jovialidad nos seduzca, nos desvíe y ya nunca más volvamos
¿Quién de todos nosotros ha aprendido esta lección?

Andrés David Fonseca Díaz
Maestría en Educación

El olvido

Estamos un poco antojados,... el arte invade en cada momento lo que pienso, me previene a un inminente derrame cerebral. La punta del iceberg es un montoncito de arena para jugar. La instalación que hace un tiempo exploré con arena y diskette me lo recuerda.

Pero el problema es que hemos olvidado la arena y elogiado la memoria artificial, queriendo casi siempre forjarnos una opinión, un punto de vista. Será fácil olvidar la tensión entre la arena y los diskettes? creo que no, las huellas horadan todo, hasta lo que creemos más sólido.

Deslizándome en esta imagen encuentro los planos de composición,... aquí sin aire, sólo un punto y una vista. Qué hacer en este instante donde el olvido del desliz se desajusta, pierde intensidad?. Tal vez hay que tachar, limpiar un poco el espacio, borrar si no queremos que el olvido nos olvide. Las comillas, los puntos suspensivos, la coma y no el punto, el tacto y no la vista incitan repentinamente a cambiar de dirección o por lo menos algo inevitable como suspender-se en el sentido, en lo que se siente: el ser de la sensación.

Andrés Fonseca

Cuidar lo inolvidable, o cuidarnos en la piel del entre.

Me surgen varias preguntas y una sensación del primer encuentro. Ricoeur, la fórmula de una erudición, que a mi modo insistiría un aplazamiento. Qué más queremos saber sino reconocemos las potencias del cuerpo, lo singular, y el lenguaje?.

El afán de los contenidos, no puede ser en nuestros encuentros la azarosa postura de una carrera confusa. La velocidad como puede llevar a la catástrofe, nos puede tornar imperceptibles en una danza gozosa. El entre, habrá que cultivarlo, para no olvidar la alfabetización que se cierne hoy en el aula industrial. Yacer fuera del aula, abrir el texto y el pensamiento, dejar que hable el habla, la creación plural, ser políglotas por amor de la amistad, son rasgos que por inactuales, no son menos importantes. No me quiero adelantar, ni ser profeta, tan sólo una advertencia por mor de la subjetividad y los hilos sutiles de la experiencia humana.

Andrés David.

Del olvido al no me acuerdo

Las imágenes de este documental sobre Juan Rulfo, provocan más que sus encuadres. La imagen-esposa, la imagen-cielo y la imagen-vecinos, coimplican aún más las elucubraciones entre memoria colectiva y memoria individual. El agenciamiento es diferenciado, uno no recuerda, el otro fluye (es en y por el tiempo) y el otro emerge en la afectividad y el calor de una imagen. Aparece entonces lo que podría denominar con mucha ligereza, la onotología frágil de la intimidad o lo que Ricoeur denomina de los allegados, que son como el tejido y trama que nos envuelve y agita en lo que recordamos. Lo gélido de un recuerdo forzado, empecinado en ver, adolece del calor de la intimidad. Igual que la memoria tibia de lo colectivo, se dispersa poco en matices claroscuros. La memoria aflora involuntarimente, cuando dejamos que el tiempo se pierda, discurra entre el tiempo y a veces provocado por una experiencia sensorial. Marcel Proust en "A recherche du temps perdu" muestra los efectos de una intimidad que no es ni lo privado ni lo público. En un orden quizá aproximado, la comunidad de los próximos, la comunidad afectiva en Halbwach, son emplazamientos donde el recuerdo se dilata, tentado por una sonrisa, un sonido, una imagen, un escalofrío, una carta.

Andrés David

La intensidad concita ahora mi experiencia del lugar y del tiempo

Ahora, es el instante eterno del gozo, la memoria falsifica todo aquello que la experiencia no suscita. Entre historia, memoria y olvido, siento que la zona de penumbra que se agita a veces es cierta ironía que se conjuga con dos experiencias, en el pensamiento y en el lenguaje. La realidad va emergiendo en el centelleo de tal envite. Por desmemoriados pasamos, nuestro trayecto sísmico es el condimento de la noche de la historia como su evocación instantánea de la intensidad de la experiencia. No es que tengamos mucha experiencia, ésta nos ha hecho. El sentido ausente, es ahora la maldición del político, en nosotros la abigarrada mezcla de un vacío que resuena inventivamente. Horizonte de espera y espacio de experiencia, salvan con un gesto de desobra, la multiplicidad del acontecimiento. Mis pasaportes en la escritura, su carne, sabor y color, mas que las zozobras que el entendimiento provoca, son los trazos de la metáfora que liga la experiencia, en su tríada: lenguaje, pensamiento y realidad. Nos vemos próximamente, aunque soy todo despedida.

Andrés David.