Ahora, es el instante eterno del gozo, la memoria falsifica todo aquello que la experiencia no suscita. Entre historia, memoria y olvido, siento que la zona de penumbra que se agita a veces es cierta ironía que se conjuga con dos experiencias, en el pensamiento y en el lenguaje. La realidad va emergiendo en el centelleo de tal envite. Por desmemoriados pasamos, nuestro trayecto sísmico es el condimento de la noche de la historia como su evocación instantánea de la intensidad de la experiencia. No es que tengamos mucha experiencia, ésta nos ha hecho. El sentido ausente, es ahora la maldición del político, en nosotros la abigarrada mezcla de un vacío que resuena inventivamente. Horizonte de espera y espacio de experiencia, salvan con un gesto de desobra, la multiplicidad del acontecimiento. Mis pasaportes en la escritura, su carne, sabor y color, mas que las zozobras que el entendimiento provoca, son los trazos de la metáfora que liga la experiencia, en su tríada: lenguaje, pensamiento y realidad. Nos vemos próximamente, aunque soy todo despedida.

Andrés David.